En qué punto está realmente nuestra relación

Cuando llevas un tiempo con alguien es normal hacerse esta pregunta:
“Vale, pero… en qué punto estamos realmente?”
¿Seguimos enamorados? ¿Estamos en la típica rutina? ¿Esto es una crisis o simplemente una mala racha?

En este artículo te propongo mirarlo con calma. No se trata de etiquetar la relación como “buena” o “mala”, sino de entender en qué momento estáis para poder cuidarla mejor.


1. La fase de enamoramiento: todo es nuevo y todo suma

Es esa etapa en la que pensáis mucho el uno en el otro, os apetece veros constantemente y casi todo se vive con ilusión.

Suele notarse en cosas como:

  • Hay muchas ganas de pasar tiempo juntos.
  • Todo lo que descubres del otro te parece interesante o tierno.
  • Los defectos se ven pequeños o incluso “graciosos”.
  • Hay mucha muestra de afecto: mensajes, besos, detalles, contacto físico.
  • Hay curiosidad: preguntas, ganas de saber su historia, su mundo, sus gustos.

Si estás en esta fase, probablemente sientas una mezcla de alegría, nervios y algo de miedo a perderlo. Es bonito, pero no puede durar para siempre con la misma intensidad, y eso no significa que el amor se acabe, sino que cambia de forma.

Preguntas para ti:

  • ¿Siento ilusión por construir cosas juntos o solo por la parte “emocionante”?
  • ¿Estoy conociendo de verdad a la otra persona o solo la versión ideal que tengo en la cabeza?

2. La rutina: cuando la relación se vuelve parte del día a día

Después del enamoramiento llega algo inevitable: la rutina. No es mala por sí misma; de hecho, da estabilidad. El problema no es la rutina en sí, sino lo que hacemos (o dejamos de hacer) dentro de ella.

Señales típicas de esta etapa:

  • Ya os conocéis bastante y hay menos “sorpresas”.
  • Las conversaciones se llenan de cosas del día a día: trabajo, estudios, tareas, familia…
  • El tiempo juntos es más previsible: mismos planes, mismos horarios.
  • Hay cariño, pero quizá menos gestos espontáneos.
  • El deseo puede subir y bajar, y a veces parece que “no hay tiempo para nada”.

La rutina puede ser un lugar cómodo si la cuidáis: pequeños detalles, planes nuevos de vez en cuando, hablar de cómo os sentís, no solo de lo que hacéis.

Preguntas para ti:

  • ¿Me siento en calma en esta rutina o más bien apagado/a?
  • ¿Hacemos algo, aunque sea pequeño, para seguir alimentando la relación?

Si la respuesta es “no” a casi todo, quizá la rutina se esté convirtiendo en desconexión.


3. La crisis: cuando algo se ha roto (o está a punto de hacerlo)

Una crisis no siempre significa que la relación vaya a terminar. A veces es una señal de que algo importante necesita ser mirado, hablado y reajustado.

Suelen aparecer cosas como:

  • Discutís con frecuencia o, al contrario, evitáis hablar de temas importantes.
  • Hay reproches acumulados, cosas que no se perdonan o no se han cerrado.
  • Uno de los dos (o los dos) siente que da más de lo que recibe.
  • Aparecen pensamientos del tipo: “no sé si esto tiene sentido”, “quizás estaríamos mejor separados”.
  • El contacto físico y la intimidad disminuyen o se sienten forzados.
  • Se instala la sensación de soledad, incluso estando juntos.

En una crisis, muchas personas sienten confusión y miedo: miedo a perder lo que tienen, pero también miedo a quedarse como están. Es un momento delicado, pero también puede ser una oportunidad de cambio.

Preguntas para hecer-te:

  • ¿Lo que me duele es algo puntual o se repite desde hace mucho tiempo?
  • ¿Cuando hablo de lo que siento, la otra persona me escucha de verdad o se pone a la defensiva?
  • ¿Estoy dispuesto/a a trabajar esta relación o, si soy sincero/a, ya he “desconectado” por dentro?

Si hay falta de respeto, humillaciones, control, insultos o miedo, estamos hablando de algo más que una simple crisis. En esos casos es importante pedir ayuda profesional y priorizar tu bienestar y tu seguridad.


4. La reconstrucción: cuando decidís intentarlo de otra manera

La reconstrucción llega cuando, después de pasar por una crisis (grande o pequeña), ambas personas deciden hacer algo diferente. No se trata de volver atrás, a cómo era la relación al principio, sino de construir una nueva forma de estar juntos.

Algunas señales de reconstrucción:

  • Hay conversaciones más honestas, incluso aunque sean incómodas.
  • Empezáis a poner límites más claros y a expresar necesidades (“necesito que…”, “me haría bien que…”).
  • Se busca ayuda: terapia de pareja, leer, informarse, pedir consejo a personas de confianza.
  • Cambian pequeñas cosas del día a día: reparto de tareas, tiempo de calidad, forma de discutir.
  • Aunque siga habiendo conflicto, se nota un esfuerzo real por entender al otro y a uno mismo.

La reconstrucción no es perfecta ni rápida. Algunos días sentirás que avanzas y otros que vuelves atrás. Lo importante es ver si hay cambios reales, no solo promesas.

Preguntas para ti:

  • ¿Veo gestos concretos de cambio, o solo palabras bonitas?
  • ¿Yo también estoy haciendo algo diferente, o espero que todo lo cambie la otra persona?

5. No todas las relaciones siguen el mismo orden

Es importante recordar que estas fases no son una escalera rígida. Hay parejas que vuelven a momentos de enamoramiento incluso después de muchos años, otras que viven largas etapas de rutina tranquila y algunas que pasan varias crisis y reconstrucciones.

También es posible que tú y tu pareja no viváis la misma fase a la vez:

  • Tú puedes sentir que estáis en rutina amable.
  • Tu pareja puede sentir que está en crisis y plantearse dejarlo.

Por eso, además de observar, es clave hablar: sin adivinar, sin suponer que el otro siente lo mismo que tú.


6. Un pequeño ejercicio para situarte

Puedes hacer este mini ejercicio (primero hazlo a solas):

  1. Elige una palabra que describa cómo vives ahora la relación:
    calma, tensión, rutina, ilusión, distancia, compañía, miedo, cariño…
  2. Escribe en una frase:

    “Ahora mismo siento que nuestra relación está en una fase de…”
    y completa con tus propias palabras.

  3. Señala qué frases se acercan más a tu realidad:
    • “Me siento acompañado/a y visto/a.”
    • “Me siento más solo/a que acompañado/a.”
    • “Tengo ganas de seguir construyendo algo juntos.”
    • “No sé si quiero seguir, pero tampoco sé cómo salir de aquí.”

No se trata de juzgarte, sino de mirar con honestidad. Cuando lo tengas algo más claro, si te sientes preparado/a, puedes compartirlo con tu pareja con frases del tipo:

  • “Últimamente siento que estamos en una fase de rutina que nos está apagando.”
  • “Tengo la sensación de que estamos en crisis y me gustaría saber cómo lo ves tú.”

7. Y ahora, ¿qué hago con lo que he descubierto?

Saber en qué punto estáis no es el final, es el principio. Algunas ideas:

  • Si estás en enamoramiento, disfruta, pero no idealices: ve conociendo a la persona real, no a la versión perfecta.
  • Si estáis en rutina, buscad pequeños cambios: un rato sin pantallas, un plan distinto, una conversación que no sea solo de obligaciones.
  • Si vivís una crisis, puede ser el momento de pedir ayuda, revisar límites, hablar de lo que duele y decidir si queréis reconstruir o no.
  • Si estáis en reconstrucción, celebrad los avances, aunque sean pequeños, y tened paciencia con los tropiezos.

Y recuerda:
Este tipo de contenidos no es para decirte lo que “tienes que hacer”, sino para acompañarte a mirar tu relación con más claridad. A veces, ponerle nombre a lo que está pasando ya es un primer paso enorme para poder cuidarte mejor a ti y también al vínculo que compartes.